Desastres de esta guerra.

PORTADA Mis Desastres lo son de una forma poco evidente, nada espectacular, cotidiana, a veces imperceptibles a primera vista, disfrazados, algunos incluso, de acontecimiento feliz. Al contrario que Goya, yo he podido elegir contener mis ganas de pintar la sangre y el dolor de otros: hoy ya lo hace bastante la televisión.

Tragedias habituales aunque algunas no parezca que lo son. Refieren a una guerra común, diaria, una fiebre no siempre silenciosa que todos padecemos, aunque algunos sobrevivan y otros se mediquen para lograr soportarla.

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PORTADA La solución.

La solución más practica es separarse de la cabeza cuando convenga,
no sea que acuda, la memoriosa, a apagar con recuerdos
la llama nueva encendida de lo que está por ver.
Para que no detengan los ojos abiertos
la imagen posible de los demás sentidos,
y no diga la boca aunque quiera, se calle y no hable
de lo que nadie hasta entonces nombró.

La solución más practica es separarse del cuerpo cuando convenga.
Para que no moleste, el muy bestia,
de vez en cuando con sus urgencias,
con fiebre tan simple como es el deseo
que siempre desarma,
cuando al menos queda el sueño
para curarse de todo este frío,
y aún abriga la memoria otro tiempo gozoso
en el que era más dulce y más fácil vivir.

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PORTADA La Bella durmiente.

Cualquiera de esos intentos de bosque
que llamamos parques, en cualquier ciudad, hospeda
–y podrás verlas pincharse la carne con usos de acero,
rondando a quien venda venenos de olvido-
antiguas bellezas que duermen en bancos,
al sueño del cuento por fin entregadas.

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PORTADA El Culpable.

No existe nada detrás, a mi espalda:
yo animo la vida, la alumbran mis ojos.
Yo soy el responsable de todo cuanto sucede,
yo el que lo provoca, el Solo, aunque esté rodeado.
Debo ir cargado del peso del mundo,
sobrecogido por todo el dolor.
Yo soy el voluntario a mártir, yo el Atlas aplastado,
el Cristo ridículo con la desproporcionada cruz.

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PORTADA La casa en el cruce.

Por si te vuelvo a ver al paso,
he plantado mi casa en un cruce
y he colgado mi razón en la ventana.
Las aves más locas se ríen de mi
y se acercan a burlarse hasta mi cara,
que no aparta la mirada
del abismo, si te incluye.

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(* “Los Desastres de esta guerra” son una colección (que sigue creciendo) de 30 dibujos (en blanco y negro) y textos buscando editor. Si quieres verlos todos (con imágenes ampliadas), los encontarás en la sección “Dibujos”, en mi web.)