La mujer lo pinta todo. La mujer no pinta nada. What Women Paint

1993. oil/board (204x43cm each one)

El soporte de formato extremoso fué un regalo que había que aprovechar. El resto, simplemente ocurrió: primero estuvo sola durante meses la cabeza enorme del extremo izquierdo; luego, su mano y el pincel desencadenaron lo demás. Me interesó el asunto clásico del "artista y su modelo", y tratar de conciliar dos maneras distintas de pintar. "Pintura dentro de la pintura" Suena tan inútil como abstracción, figuración, realismo y otras palabras fatales: todo est‡ pintado, y es artificial por definición. No pretendo establecer un discurso: para mí, la pintura es un juego emocionante donde existe la posibilidad de aprovechar todos los medios para intentar lograr algo intenso. No me interesa concretar si no es cada cuadro (y dentro, en función de ese Todo, casi cada forma), ordenando el caos sin fingir, con honradez y cuidados. "Frecuentemente, (...) en una primera sesión percibo sensaciones frescas y superficiales. (...) Podría bastarme simplemente una obra esbozada, pero me cansar’a inmediatamente" -decia Matisse- : también en el que contempla, a veces, unas pocas capas de pintura bastan para producir una emoci—n estética; si sigo corro el riesgo de perderla, pero también de lograr una mucho más intensa -me gusta esta dificultad. Un cuadro acabado es el resultado de variadas tensiones y contradicciones que contribuyen a su elaboración: me parece natural lo indefinible, la ambigüedad, la paradoja, el despilfarro. No persigo la ilusión de coherencia que aseguran las variaciones, los sistemas, las series, agotar una idea, un recurso, construirme un estilo: no pretendo demostrar ningœn orden estable... Y todo esto tampoco son premisas, sino márgenes de mi libertad y mi disfrute en mi oficio.

La cabeza derecha me recuerda esos amorcillos clásicos, cuyas alas -aquí manos- surgen de una cabeza desproporcionada. Los dos hombres no existen enteros. El título se fijó durante un tiempo en que los acontecimientos mi oficio me mantuvieron perpleja. Más adelante, "pensé en lo desagradable que era que le dejaran a uno fuera; y pensé que quizá era peor que le encerraran a uno dentro" , me ayudó V. Wolf.

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