El
soporte de formato extremoso fué un regalo que había
que aprovechar. El resto, simplemente ocurrió: primero
estuvo sola durante meses la cabeza enorme del extremo izquierdo;
luego, su mano y el pincel desencadenaron lo demás. Me
interesó el asunto clásico del "artista y
su modelo", y tratar de conciliar dos maneras distintas
de pintar. "Pintura dentro de la pintura" Suena tan
inútil como abstracción, figuración, realismo
y otras palabras fatales: todo est‡ pintado, y es artificial
por definición. No pretendo establecer un discurso: para
mí, la pintura es un juego emocionante donde existe la
posibilidad de aprovechar todos los medios para intentar lograr
algo intenso. No me interesa concretar si no es cada cuadro
(y dentro, en función de ese Todo, casi cada forma),
ordenando el caos sin fingir, con honradez y cuidados. "Frecuentemente,
(...) en una primera sesión percibo sensaciones frescas
y superficiales. (...) Podría bastarme simplemente una
obra esbozada, pero me cansar’a inmediatamente" -decia
Matisse- : también en el que contempla, a veces, unas
pocas capas de pintura bastan para producir una emoci—n estética;
si sigo corro el riesgo de perderla, pero también de
lograr una mucho más intensa -me gusta esta dificultad.
Un cuadro acabado es el resultado de variadas tensiones y contradicciones
que contribuyen a su elaboración: me parece natural lo
indefinible, la ambigüedad, la paradoja, el despilfarro.
No persigo la ilusión de coherencia que aseguran las
variaciones, los sistemas, las series, agotar una idea, un recurso,
construirme un estilo: no pretendo demostrar ningœn orden estable...
Y todo esto tampoco son premisas, sino márgenes de mi
libertad y mi disfrute en mi oficio.
La cabeza derecha me recuerda esos amorcillos clásicos,
cuyas alas -aquí manos- surgen de una cabeza desproporcionada.
Los dos hombres no existen enteros. El título se fijó
durante un tiempo en que los acontecimientos mi oficio me mantuvieron
perpleja. Más adelante, "pensé en lo desagradable
que era que le dejaran a uno fuera; y pensé que quizá
era peor que le encerraran a uno dentro" , me ayudó
V. Wolf.