Por
el hecho de ser humanos, y vivir en la sombría perspectiva
de la muerte, conocemos la violencia exasperada, la violencia
desesperada del erotismo. G. Bataille: "Les larmes d'Eros".
Salomé
sólo era el beso que quise que ocupara todo un cuadro,
hasta que una tarde la cabeza de su hombre apareció suspendida
sobre el fondo negro. Guiar unas gotas de pintura roja para
ponerle el nombre de un arquetipo de pasión y destrucción,
el resto fue rápido, inevitable, necesario: yo era solo
la intermediaria, el conductor.